SOMOS PODEROSOS

P. Walter Malca R.; C. Ss. R.

Los hombres tenemos que descubrir que somos infinitamente poderosos porque en nuestro interior reside la fuerza de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En una ocasión en la que ofrecí un retiro a un grupo de seminaristas, un joven se me acercó y me dijo: “Padre, estoy muy desanimado con mi vocación. Me siento tan débil, tan imperfecto y tan inconstante. No me siento digno de seguir este camino. ¿Qué me aconseja usted? Estoy pensando abandonar el seminario”. Después de escuchar el lamento del joven le narré la siguiente historia: “En una oportunidad, un campesino encontró un león cachorro, lo llevó a su casa y lo dejó junto a las ovejas.

El pequeño león iba creciendo con mucha mansedumbre, de tal modo que, a veces, se comportaba como las ovejas. De hecho, el leoncito “creía” ser una oveja. En una ocasión apareció el rey león e hizo estragos en el corral; al final, cuando ya no había ninguna oveja y sólo quedaba el leoncillo, éste, temblando, le suplicó al rey de la selva que no le hiciera daño. El rey león se sorprendió al escuchar las súplicas del leoncito. Entonces, comprendiendo lo que pasaba, lo llevó a una laguna y el cachorro, ahí, al ver reflejada su imagen en el agua cristalina, descubrió su verdadera identidad y dejó de temer los peligros, y se comportó como un verdadero león”.

“Afirman los entendidos que en cada hombre existe la suficiente energía atómica para destruir la ciudad más grande del planeta. ¡En realidad somos poderosos! ¡Tenemos que aprender a descubrir nuestro potencial!”

Esta historia nos ayuda a comprender que, muchas veces, los hombres, igual que este leoncito, temblamos ante las dificultades porque no hemos descubierto nuestra fortaleza interna.

Lo que pasa es que la educación que recibimos lejos de ayudarnos a descubrir nuestras fuerzas ha contribuido a descubrir nuestras debilidades; lejos de ayudarnos a descubrir nuestras potencialidades nos han ayudado a descubrir nuestras limitaciones; en vez de ayudarnos a descubrir nuestra luz nos ha ayudado a descubrir nuestra sombra. Por eso que ante las dificultades nos amilanamos y no tenemos ganas de seguir luchando.

Los hombres tenemos que descubrir que somos infinitamente poderosos porque en nuestro interior reside la fuerza de Dios. Y la fuerza de Dios no está contrapuesta a la fuerza del hombre, pues, si unimos ambas fuerzas podríamos hacer cosas maravillosas. Por ejemplo, afirman los entendidos que en cada hombre existe la suficiente energía atómica para destruir la ciudad más grande del planeta. ¡En realidad somos poderosos! ¡Tenemos que aprender a descubrir nuestro potencial!

Tony Meléndez es un cantante Nicaragüense, pero radica en Estados Unidos; y desde su nacimiento carece de sus dos manos, a consecuencia de una medicina que su madre tomó cuando estaba embarazada. Él toca perfectamente la guitarra con los dedos de los pies. En uno de sus vídeos dice: “Yo veo a una persona como usted que tiene brazos, tiene piernas, tiene todo. Y dicen: “No puedo, no puedo”. Tú si puedes, sí puedes. Me han preguntado a mí: “Tony, ¿dónde están los milagros? Yo siempre digo esto: yo veo una mano, y cuando levantas la mano, para mí eso es un milagro”.

Además, la debilidad para el cristiano no es un obstáculo para seguir a Cristo. Al contrario, ahí reside su fortaleza, tal como lo dice San Pablo: “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

AUTOR: P. Walter Malca Rodas; C.Ss.R.

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LOS CAMINOS QUE LLEVAN AL ÉXITO

LOS CAMINOS QUE LLEVAN AL ÉXITO

Hablar de aquellos secretos que como mujeres nos lleven a saborear el éxito sería como contar los pétalos de cada flor en un bello jardín en primavera; es decir, el arte de cada una de nosotras por encontrar el ansiado éxito en todo lo que te propones, dependerá de la estación que solo tú decides poner a tu vida.

Si cada día te preparas para ver oportunidades de crecimiento y desarrollo personal así será; si te empeñas en ver grises días de invierno en tus proyectos es casi seguro que no podrás ver con claridad tus oportunidades de éxito. Así, ¿cuántas veces hemos llegado a la conclusión de que todo en la vida cuesta, llegando a la paradoja más compleja de “pelear” por vivir en paz?

Eleanor Roosevelt, como toda mujer, fue muy enfática declarando que no era suficiente hablar de paz, sino creer en ella; y, aún, creer en ella no era suficiente sin pelear por ella. Al final de la jornada somos conscientes que si no tenemos paz dentro de nosotras difícilmente la encontraremos afuera.

Asegúrate de poner entusiasmo y pasión a cada uno de tus esfuerzos y solo así disfrutarás cada paso y cada momento que te pertenece sólo a ti…

Es tarea de cada mujer que se encuentre paseando por estas líneas reflexionar sobre la paz interior, el poder liberarnos de las presiones del día a día, del estrés de la vida moderna; el ser capaz de regalarnos unos minutos diarios para nosotras, para exorcizarnos de nuestros miedos, complejos  y temores que casi siempre nos paralizan y no nos permiten asumir nuevos retos; y disfrutar plenamente de la vida, con todo, y, obviamente, con los problemas que trae consigo; pero en paz con nosotros mismas.

Es importante considerar que nada en la vida se consigue sin un plan. Debemos aprender a vivir con un plan de vida para visualizar lo que quieres lograr mañana, y para que tus esfuerzos de hoy te sirvan para llegar a realizar tus sueños, sin dejar de vivir el hoy plenamente.

El gran error está cuando nos enganchamos en pasados tortuosos y futuros inexactos, dejando de vivir un presente que debería generar placer e ilusión; porque tenemos la gracia divina de estar vivas, de sentirnos vivas, no unas sobrevivientes de determinada situación, relación o la condición que tengamos.

Asegúrate de poner entusiasmo y pasión a cada uno de tus esfuerzos y solo así disfrutarás cada paso y cada momento que te pertenece sólo a ti. Porque sólo si tienes coraje para atreverte al cambio elegirás el camino que te lleve a la satisfacción personal, y al equilibrio emocional fundamental para tomar decisiones de vida que te harán sentir satisfecha con todos los roles que ejerces: como madre, como hija, como hermana, como amiga, y como mujer. Sin este ingrediente nada se convierte en éxito. A través de éstas líneas nos encontramos en un gran abrazo…

Autora: Dra. Yolanda Menéndez Bolaños

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LOS HIJOS EN LA FAMILIA

A diario somos testigos de noticias cruentas como secuestros, robos descomunales, homicidios brutales, suicidios inesperados y más hechos feroces. Pero lo más hiriente y hasta cierto punto injusto es observar que los involucrados en estos actos violentos sean hombres y mujeres muy jóvenes. Cuando esto sucede emerge inmediatamente la pregunta sobre qué está sucediendo en las familias, qué motiva a los hijos a volcar sus energías y capacidades por el camino incorrecto.

No se pretende juzgar a los padres o apoderados. Vaya que debe ser una tarea difícil. Pero lo cierto es que muchos de ellos olvidan que los hijos, matriz familiar, al presenciar a diario los actos violentos en el hogar, se supeditan a calificar a la ira como una posible solución a un problema. Y es que la familia, fundamento de la sociedad, forjadora de los individuos que constituyen lo existente, padece este mal enraizado por muchas décadas, transmitido inevitablemente de generación en generación.

La familia debería ser el recinto seguro para formar al hombre y a la mujer. El buen paradigma de conducta y de actitud frente a los demás. El lugar en el que se disfruta y alcanza el afecto y se revela el sentido de la vida, en el cual ese niño o adolescente debe aprender a reconocerse y sentirse muy querido, desarrollando su inteligencia, voluntad y autoestima por el aprecio que le brinda el círculo familiar: porque nadie alcanza a ser uno mismo si antes no es alguien en su casa.

 

…muchos olvidan que los hijos, matriz familiar, al presenciar a diario los actos violentos en el hogar, se supeditan a calificar a la ira como una posible solución a un problema…

Un hijo(a) no pide ser especial, o el mejor o el primero en el hogar; sólo necesita tener libertad para expresar sus opiniones y no sólo recibir órdenes marciales y, algunas veces, sermones atiborrados de improperios. Cada hijo requiere de una escucha atenta y personalizada de sus padres en lugar de soportar juzgamientos y críticas peyorativas; además de tener un espacio abierto a la réplica, favoreciéndoles a ejercitar la tolerancia y la aptitud a reconocer errores. Además, es indispensable que la tutoría de un adulto les enseñe a cultivar la responsabilidad en sus quehaceres diarios, el respeto, la generosidad y el afecto hacia sí mismos y hacia los demás. Que experimenten el esfuerzo y perseverancia para alcanzar objetivos, de prepararlos a obtener el dinero con trabajo y honestidad; y que algunas veces,  deben  aceptar la frustración de no conseguir lo que desean o quieren.

Qué merito tendría unos hijos exitosos en el ámbito estudiantil o laboral, si espiritualmente yacen socavados: sin saber amar ni darse al prójimo. Si no tienen valores superiores como la justicia y la solidaridad que les permitan descubrir una verdadera paz interior. Si su libertad es esclava de las pasiones, desbordada por los cauces de la lujuria. Es cierto que en casa serán inevitables las discusiones conyugales, entre hermanos, entre padres e hijos: es parte de la convivencia. Lo fundamental es no perder el horizonte hacia el crecimiento personal de los hijos y de cada miembro familiar, al llamado universal de lograr la excelencia humana. Es hora de empezar a vivir plenamente con la actitud mental de ser y hacer a los demás cada vez mejores.

Autor: Lic. ERINCSON CÓRDOVA NAVARRO.

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UN PASADO QUE ENRIQUECE

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No creo tener mayor privilegio que escribirles sobre una mujer excepcional, un ejemplo próximo y real del que todos podemos salir adelante si nos lo proponemos, si reunimos las fuerzas suficientes para trabajar, para afrontar la vida con optimismo, para vivirla con amor y disfrutarla con alegría.

Su sonrisa -todos los que la conocen coinciden en ello-, nunca se ha borrado de su rostro; aún en los momentos más difíciles resulta sorprendente cómo una sonrisa tan dulce puede esconder el más fuerte de los espíritus. Todos los que la vieron

crecer alrededor de aquel caserío, donde hoy sólo quedan viejos árboles testigos de su precaria infancia, no pensaron que aquella niña risueña y presta a todo tipo de labores, algún día dejaría la pobreza que la acompañó desde su nacimiento.

Sus caricias, aquellas que prodiga con todo su amor, son tan suaves como aún, después de tantos años de trabajo, lo son sus manos; manos trabajadoras con las que construyó todo de lo que hoy goza.  Para unos es muy difícil creer que aquella jovencita, que por la década de los años setenta luchaba -al igual que otros invasores- contra los policías municipales por mantener un terreno en un asentamiento humano, hoy viva cómodamente en una casa de urbanización.

“A veces Dios nos quita del camino a unas personas y nos pone a otras que podrán ayudarnos a completar el plan que Él tiene para nosotros”

Anita tuvo que madurar muy joven, tuvo que ser padre y madre para sus hermanos menores cuando apenas tenía 17 años; y a pesar de su juventud, no vaciló en quedarse al frente de su hogar.  Desde el día en que su madre los abandonó, tuvo que trabajar lo que su madre no trabajó por ellos… Al final de cuentas, trabajar nunca fue un problema para ella.

Al principio no fue fácil; ella debió repartir su tiempo entre el trabajo y sus hermanos. Sin embargo, encontró personas que le tendieron la mano, aún sin conocerla.  Como ella dice: “A veces Dios nos quita del camino a unas personas y nos pone a otras que podrán ayudarnos a completar el plan que Él tiene para nosotros”. Así, sus trabajos fueron varios; de todos ellos aprendió un poco de lo que hoy sabe y el nivel de confianza que sus empleadores depositaban en ella fue grandioso.

Anita es una persona que inspira confianza, y goza siendo honesta y justa: esos son los calificativos que más la caracterizan y es lo que su mirada trasmite.

El trabajo y las necesidades fueron fuertes pero el amor y la unión familiar entre ella y sus hermanos lo fue más.  Sus carencias sólo sirvieron para hacerse la promesa de que algún día las dejaría de lado, no era lo esencial en su vida pero sí era una meta trazada.  Anita siguió trabajando; años después, al igual que algunos de sus hermanos, se casó y formó una familia con la que -y por la que- siguió trabajando con igual o mayor esmero.

A medida que iban transcurriendo sus años, el trabajo, el amor a Dios, a su familia, a la vida y esas ganas de salir adelante, que nunca la abandonaron, fueron atenuando la sombra de pobreza que la acompañaba, hoy esa sombra es luz, una luz que deja entrever la satisfacción de haber conseguido lo que un día se propuso, todas aquellas necesidades por las que atravesó sólo sirvieron para fortalecerla, para hacer de ella una mujer tenaz y luchadora.

A través de estas cortas y resumidas líneas, no pretendo darles la fórmula mágica de cómo Anita dejó de ser pobre, no pretendo contarles qué hace o qué negocios tiene.  Lo que pretendo es mostrar que la pobreza no es una historia circular en la que la idea principal es “si naces pobre entonces mueres pobre”, que el trabajo y el amor son los principales ingredientes en la fórmula del éxito, que éste no se consigue de la noche a la mañana…

Como dijo Ralph Waldo Emerson: “La pobreza consiste en sentirse pobre”.  Anita era pobre en lo material pero tenía grandes razones que la impulsaron a seguir adelante: tenía fe, tenía esperanza y tenía amor.

Autora: CARMEN LIZBETH OLIVOS TINEDO.

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¡HEMOS VENIDO A SER FELICES!

Son las primeras horas de la mañana de un día cualquiera y los primeros rayos de sol se filtran por la ventana del cuarto de Julio Martín. La alarma de su celular, que ha sido programada para las 6 a.m., empieza a sonar. Julio salta y, desde su cama, refunfuña: “Pucha, un día más. A levantarse para ir a chambear”.

Se sienta en la orilla de su cama y procura que el primer pie que toque el suelo no sea el izquierdo porque si no fuera así tendría un mal día. Se para en el baño, se mira al espejo y ve su rostro desencajado, aburrido, monótono. Recuerda sus años mozos donde no tenía responsabilidades y sus padres socorrían con sus gastos. Ahora ya está solo en esta gran carrera llamada “vida” y reniega de su suerte. El sueldo no le alcanza y no tiene los estudios necesarios para dedicarse a hacer otra cosa más rentable. Con los ánimos que tiene Julio Martín desde que se levanta, usted, querido lector, ¿cree que va a tener un buen día?, ¿cree que él es feliz?

Cuántos de nosotros nos levantamos así, renegando del nuevo amanecer sin ponernos a pensar en que si ocurre así es porque en esta vida tenemos un propósito que cumplir. Para aquellos que no saben cuál es ese propósito fundamental, se los comento: ¡A este mundo hemos venido a ser felices!

Si tenemos en cuenta este principio, ¿cuál creen que debe ser nuestra actitud al levantarnos?: ¿renegar?, ¿increparle al universo por qué hemos amanecido un día más sin suerte? No. El primer pensamiento que debe cruzar nuestras mentes al levantarnos debe ser de agradecimiento por estar vivos, y por tener un día más de vida. ¿Cuántas personas no amanecen vivas?, ¿se han puesto a pensar? Nosotros tenemos la bendición de tener vida, y en abundancia.

En ese sentido es importante ser agradecidos. Cuando una persona tiene esa cualidad crea una aura positiva a su alrededor y todo le va bien. Es básico. Hay personas que no viven en la bonanza económica, pero sin embargo son agradecidos con la vida por todo lo que les ha dado y tienen paz en su espíritu. Cuántos ricos darían todo por tener la paz que los agradecidos poseen.

La actitud positiva que se crea con el agradecimiento atrae todo lo positivo del mundo. Se ha puesto muy de moda un dicho que, a la sazón, dice así: “Lo semejante atrae a lo semejante”; y ha sido recogido por muchos intelectuales, y hasta se han escrito muchos libros sobre ello. ¿Lo practicamos? Sería muy bueno comenzar a hacerlo. Además, es tan reconfortante decir: “Gracias”.

Hay personas que alguna vez lo tuvieron todo, pero que desgraciadamente por esas cosas que tiene el destino hoy en día no tienen nada, y se dejan sumir en la depresión. Algunos pensarán que no es para menos, cuando eso sucede uno se siente perdido. A aquellas personas les digo que a pesar de que las cosas no vayan bien, nunca pierdan la actitud positiva, el pensamiento positivo; que esto sea nuestra fortaleza para seguir viviendo. Facundo Cabral, el gran cantautor argentino, nos regala este pensamiento: “Siempre, con lo que tengas, se puede, se debe empezar de nuevo. Tenemos el deber de ser felices”.

Si eres de las personas como nuestro amigo Julio Martín, te recomiendo que dejes de lado esa actitud porque no te llevará a ningún buen puerto. Piensa que las mejores cosas de la vida han sido hechas para ti, para que seas feliz. Todo tiene una razón de ser, y ello nos lleva a la felicidad. Como a veces digo: “La felicidad es un estado de la mente y una convicción del corazón”. Busca ser feliz, ama ser feliz, y la felicidad tocará tu puerta.

Autor: MANUEL ORLANDO MIRANDA NOBLECILLA

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EL DON DEL PERDÓN

Se dice que las mujeres somos más rencorosas, sin embargo, este sentir no respeta sexo, ni condición de tipo alguno. Como seres humanos lo hemos experimentado alguna vez.

El rencor y el resentimiento son manifestaciones que nos impiden caminar una ruta de productividad que nos lleve al éxito como seres humanos, tanto en el aspecto familiar como profesional.

Es importante manejar el concepto de Derecho al Bienestar para que hombres o mujeres alcancemos la realización en cada etapa productiva en la que nos encontramos. Es importante aprender a minimizar la carga emocional que llevamos, aprender a perdonar es la herramienta que utilizaremos para aliviar ese peso e iniciar una etapa de éxito personal.

Probablemente en más de una oportunidad te has sentido lleno de resentimientos y reiterando: “¡No puedo perdonar esto!”. Y con el paso de los días te das cuenta que ese peso no te deja caminar en paz y libre como debieras hacerlo.

El guardar en nuestro interior resentimientos nos convierte en depósitos de “basura emocional” y, así, cuando estamos rodeados de gente a la que amamos y con las que nos permitimos ser tal cual y abrir ese depósito, lo único que emanamos es rencor, resentimiento, ira, frustración, rabia, es decir, todo aquello que nos lastimó, y lo guardamos haciéndolo parte de nuestro día a día.

Cuando alguien nos agrede de cualquier manera, sea física, verbal o emocional, nos produce heridas que con el transcurso del tiempo parecieran haber cicatrizado, sin embargo, si no lo procesamos y le damos el lugar que se merece las tendremos en nuestro interior conviviendo con nosotros, adueñándose de cada oportunidad de ser mejores personas y privándonos del placer de vivir en paz y en armonía con nuestro interior.

El poder de expresar nuestras emociones ayudará a que en lugar de guardar ese sentimiento causado por las heridas que te produjo el actuar de alguien importante para ti, lo expreses, lo analices, lo reubiques y puedas canalizar, con la persona adecuada que sabrá oír y aconsejar apropiadamente.

Cuando hacemos uso de nuestra inteligencia emocional aprendemos a canalizar nuestro sentir, a dar importancia o a descartar aquellas manifestaciones o expresiones de sentimientos de las personas que me rodean. El ubicar en orden de importancia afectiva a las personas que nos rodean nos ayudará a ubicar de la misma manera lo que pueden decir o hacer; y si en algún momento y por algún motivo nos lastiman con algún comentario o actúan de tal manera que sentimos que han herido profundamente nuestro sentir, es cuando debemos pensar cuán importantes son en nuestra vida; si los ubico como muy cercanos a mí o, por el contrario, son personas que nunca aportaron a mi tranquilidad y que, por lo tanto, debemos aprender a “descartar” sus opiniones.

Cuando no perdonamos nos encontramos presos del dolor que nos causó en su momento el hecho, no perdonar es aferrarte al dolor a tenerlo a flor de piel, sangrando cada vez que lo recuerdas. Pregúntate: ¿si ya fui dañado en una oportunidad es válido que sea yo mismo quien al recordar lo sucedido vuelva a lastimarme? ¿Esta persona que me ofendió, cuán importante es o fue en mi vida? Si me causó tanto daño, ya no es valiosa para mí, por lo tanto, la alejo de mi círculo de afectos y pasa a ser una persona más.

El perdón te ayuda a tener nuevamente el control y el poder de conducir tu vida por una ruta de paz y de productividad, sin entorpecer tus días con recuerdos de ofensa y envejeciendo en la ilusión de vivir mejor. El perdón te ubica nuevamente en el presente y te ayuda a salir del pasado. No seas tú el causante de otro dolor, te toca vivir mejor. El perdón es para ti no para los demás. Suerte y un gran abrazo.

AUTOR: YOLANDA MENÉNDEZ

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HAMLET TIENE FACEBOOK

Admirable, misteriosa, existencialista, filosófica, sicoanalítica… ¡una obra maestra! Hamlet, de William Shakespeare, nos sumerge en los miedos y las dudas más profundas del ser humano; dudas que van más allá del ser o no ser. Sí, esa es la cuestión a la que constantemente nos enfrentamos, nosotros, los Hamlet del siglo XXI.

Y es que en estas épocas donde la información se mueve a ritmo de reguetón, tener o no tener Facebook, Hi5 o Twitter puede suponernos una crisis social y de identidad, sin sumar los problemas legales, acosamientos, ofensas y chismorreo. Hoy más que nunca, saber quiénes somos y hacia dónde vamos se ha convertido en un imperativo que involucra a todas las estructuras sociales. En este escrito deseo ofrecer algunas reflexiones  de cómo afectan las redes sociales en el conocimiento de nosotros mismos: ¿ayudará el Facebook a saber quiénes somos?

¿Existir o no existir?

Así, pues, la persona de hoy –especialmente los adolescentes–, no solo debe preocuparse por construir una personalidad más o menos fija y una reputación respetable, que “no dé qué decir”, sino también, debe agobiarse en encrucijadas como qué fotos publicar, quiénes pueden escribirnos, quiénes pueden ser mis amigos, qué videos colocar… Y ni qué decir si un “amigo” no acepta tu invitación: ¡un mar de preocupaciones en el que pocos saben nadar!

¿Para evitar problemas es de sabios no estar en el Facebook o en alguna otra red social? En pleno siglo XXI, yo no creo que esa sea la mejor solución. De un tiempo a esta parte, nos vemos obligados a preguntarnos: ¿existir o no existir en la red social? Es decir, –como si la crisis de la posmodernidad no fuera suficiente–, frente a la “persona real”, hemos de saber crear y mantener  “la persona virtual”. ¿O es que nunca fuimos reales? Vamos, que Hamlet y Don Quijote tendrían muy buenos motivos para volverse locos.

Me gusta / Ya no me gusta

Para soluciones, las fáciles. Seguramente nos agrada encontrar el mensaje de que a alguien “le gusta” nuestra publicación, ya sea foto, comentario, poema, video, etc. Incluimos a muchos candidatos que se han ciberpolitizado (perdonen el neologismo). Y, probablemente, nuestra estima personal se fortalezca. Tal como van las cosas, no sería raro encontrar algunas ciberpsicosis (Otra vez, disculpen el neologismo). ¿No se han puesto a pensar acerca de aquella persona que tiene más de dos mil “amigos”?, ¿no se han preocupado al saber que su “amigo” los eliminó de su red de contactos? Y aquí otra interrogante más: ¿han notado cuánto ha cambiado el significado de la palabra ‘amigo’?

Está claro que nos interesa que nos conozcan, que nos tomen en cuenta, saber qué piensan los demás de nosotros, quién visitó nuestro perfil y, a la vez, saber de los demás, opinar, tener un millón de amigos, hacerse fan, etc. En palabras de Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Es decir, las preocupaciones de siempre con un nuevo rostro. En este sentido, considero que las redes sociales poseen un enorme potencial educativo y existencial –por decir menos–, puesto que permiten volver nuestra atención hacia las grandes preguntas: ¿quiénes somos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿qué sentido tiene nuestra vida? Pero, mal llevadas, las redes también pueden convertirse en un laberinto sin salida (recuerden, por ejemplo, los múltiples casos de usuarios que publicaban sus intentos de suicidio).

Hamlet tiene Facebook

Y es verdad. Un examen superficial nos revelará que Hamlet, César Vallejo, Quevedo y mil personajes -y no tan personajes- tienen Facebook, Hi5, Twitter, etc. La moda es estar en alguna red social. O sea, si nuestro amigo Hamlet se pregunta ¿ser o no ser?, podríamos responderle: Si estás en la red, ERES; si no estás en la red; NO ERES. Pero, ¿en qué medida?, ¿somos lo que somos en internet?, ¿nuestra vida virtual afecta nuestra vida real?, ¿nuestros amigos en la red son verdaderos amigos?, ¿usando las redes sociales nos hacemos mejores personas…?

Es verdad que podemos “conocernos” y “conocer” a las personas usando los instrumentos del internet, pero también es verdad que ese “conocimiento” nunca reemplazará el trato directo con nuestro prójimo y con nuestra conciencia. Debemos procurar ser nosotros mismos y, al mismo tiempo, educarnos para ser siempre mejores, para servir y darnos a los demás. En nuestra era, la tecnología nos ha facilitado algunos aspectos de la vida y ha complicado algunos otros. Al igual que el personaje de Shakespeare, sentémonos y meditemos, pues la gran pregunta siempre estará ahí (con Facebook o sin él): ¿Ser o no ser? ¡He ahí el dilema!

Autor: NAZARETH SOLIS MENDOZA

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