LA DERROTA DEL SILENCIO

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Un tarde, visitando el museo Louvre, en París, escuché, entre el murmullo de los miles de paseantes, el cantarín dejo de un compatriota piurano. Un simple «gua» entonado con asombrosa dulzura causó en mí una inmediata nostalgia por los años vividos en mi natal Catacaos, en Perú. Una sola palabra me retornó a los partiditos de fútbol hasta el anochecer, al cebiche de las vivanderas en la carretera a Sullana, a los carnavales, la Semana Santa… Esa sola palabra cobró vida por sobre el ruido, por sobre otras voces en idiomas que no reconocía. Mi compatriota, seguramente, fue ignorante de todo lo que había ocasionado en aquel momento.

Esta anécdota personal me sirve para compartir unas reflexiones en torno al poder y valor de la «palabra», de esos sonidos articulados poseedores de significados que no necesariamente aparecen en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). ¿Acaso «madre» o «Dios» se agotan en unas cuantas líneas?

Dime qué palabras usas y te diré quién eres

Cada día se hace más imperioso el seleccionar con extremo cuidado las palabras que utilizaremos en nuestra comunicación diaria. Cuántas veces hemos visto pedir disculpas por algo que se dijo o se escribió sin querer o sin pensar. Si bien, esta labor se vuelve prioritaria en quienes se dedican al arte literario o a la ciencia de la lingüística, no hay excusa válida para no educarnos continuamente en el vocabulario, la ortografía, la redacción y, a través de ellas, en la virtud de la prudencia (porque no todo debe ser dicho u oído). Las palabras revelan quiénes somos y permiten abrirnos al mundo y participar en la vida de los demás. Este fuerte carácter ético de las palabras nos obliga a saber cuidarlas, ya sea charlando con nuestros amigos o escribiendo en el Facebook.

A buen entendedor, pocas palabras

A veces –quizás más de la cuenta–, los malentendidos o las distorsiones en la comunicación no son culpa de quien se expresa, sino de quien escucha o lee. En esta ética de la palabra, tenemos la obligación de educarnos en el arte de escuchar y en el acto de meditar las palabras empleadas en un contexto determinado. Si esto no se diera, anularíamos el acto dialógico y, terriblemente, atentaríamos contra la otra persona y contra nosotros mismos al impedir la plena realización del tan humano acto comunicativo. Por ello, el chisme, las habladurías, las mentiras, las falsedades, etc., son tan despreciables entre las personas bien formadas.

La derrota del silencio

Saber expresarse y saber escuchar son dos actitudes fundamentales que debemos cultivar para que nuestra comunicación sea enriquecedora. No hagamos que el silencio sea síntoma de nuestra torpeza por no hallar las palabras adecuadas o de nuestra incapacidad para reflexionar. Como seres dialógicos que somos, cada palabra dicha o escrita debe ser una preciosa victoria ante el silencio y un inestimable medio para expresar nuestra forma de ver y entender el mundo.

Escrito por: Nazaret Solis Mendoza; Lingüista.

 

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Revista Levántate busca fomentar una cultura de paz en nuestra sociedad, motivar a través de casos de éxito e inculcar un cambio positivo en las personas. Esta revista es un producto del Movimiento SERVID. Su único objetivo es fomentar una cultura de paz en nuestra sociedad y llevar motivación y esperanza a las personas, a través de casos de éxito; artículos, ensayos y cuentos motivacionales; y experiencias personales, plasmadas por una nueva generación de escritores, denominados ESCRITORES MOTIVACIONALES. La revista no profesa ideas de ninguna religión; sin embargo, parte de concepciones básicas cristianas para fundar su propósito. Además, con este producto se desea inculcar un cambio positivo en las personas, pues estamos convencidos que para que nuestra sociedad cambie tenemos que empezar por cambiar, para mejor, nosotros mismos. MISIÓN: MOTIVAR, culturizar y entretener, ofreciéndole al lector ayuda motivacional y orientación espiritual a través de experiencias e historias; artículos de distintos ámbitos académicos y culturales; y cuentos reflexivos, que se fundamenten en concepciones cristianas básicas como la fe, la esperanza, la solidaridad, el amor, entre otras.
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