LA DERROTA DEL SILENCIO

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Un tarde, visitando el museo Louvre, en París, escuché, entre el murmullo de los miles de paseantes, el cantarín dejo de un compatriota piurano. Un simple «gua» entonado con asombrosa dulzura causó en mí una inmediata nostalgia por los años vividos en mi natal Catacaos, en Perú. Una sola palabra me retornó a los partiditos de fútbol hasta el anochecer, al cebiche de las vivanderas en la carretera a Sullana, a los carnavales, la Semana Santa… Esa sola palabra cobró vida por sobre el ruido, por sobre otras voces en idiomas que no reconocía. Mi compatriota, seguramente, fue ignorante de todo lo que había ocasionado en aquel momento.

Esta anécdota personal me sirve para compartir unas reflexiones en torno al poder y valor de la «palabra», de esos sonidos articulados poseedores de significados que no necesariamente aparecen en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). ¿Acaso «madre» o «Dios» se agotan en unas cuantas líneas?

Dime qué palabras usas y te diré quién eres

Cada día se hace más imperioso el seleccionar con extremo cuidado las palabras que utilizaremos en nuestra comunicación diaria. Cuántas veces hemos visto pedir disculpas por algo que se dijo o se escribió sin querer o sin pensar. Si bien, esta labor se vuelve prioritaria en quienes se dedican al arte literario o a la ciencia de la lingüística, no hay excusa válida para no educarnos continuamente en el vocabulario, la ortografía, la redacción y, a través de ellas, en la virtud de la prudencia (porque no todo debe ser dicho u oído). Las palabras revelan quiénes somos y permiten abrirnos al mundo y participar en la vida de los demás. Este fuerte carácter ético de las palabras nos obliga a saber cuidarlas, ya sea charlando con nuestros amigos o escribiendo en el Facebook.

A buen entendedor, pocas palabras

A veces –quizás más de la cuenta–, los malentendidos o las distorsiones en la comunicación no son culpa de quien se expresa, sino de quien escucha o lee. En esta ética de la palabra, tenemos la obligación de educarnos en el arte de escuchar y en el acto de meditar las palabras empleadas en un contexto determinado. Si esto no se diera, anularíamos el acto dialógico y, terriblemente, atentaríamos contra la otra persona y contra nosotros mismos al impedir la plena realización del tan humano acto comunicativo. Por ello, el chisme, las habladurías, las mentiras, las falsedades, etc., son tan despreciables entre las personas bien formadas.

La derrota del silencio

Saber expresarse y saber escuchar son dos actitudes fundamentales que debemos cultivar para que nuestra comunicación sea enriquecedora. No hagamos que el silencio sea síntoma de nuestra torpeza por no hallar las palabras adecuadas o de nuestra incapacidad para reflexionar. Como seres dialógicos que somos, cada palabra dicha o escrita debe ser una preciosa victoria ante el silencio y un inestimable medio para expresar nuestra forma de ver y entender el mundo.

Escrito por: Nazaret Solis Mendoza; Lingüista.

 

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…Y ABRIÓ SUS ALAS, Y EMPEZÓ A VOLAR

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Hace mucho tiempo, cuando empecé a cuestionarme por el valor de la libertad, lo primero que hice fue formularle a mi madre la siguiente pregunta: “¿Cómo te gustaría que fueran tus hijos?”. Ella respondió rápido y sin meditarlo mucho: “¡Libres para ser felices!”; yo insistí: “¿Y no quisieras que hagamos lo que tú quieras?”. Me contestó: “Yo seré feliz en la medida en que los vea felices a ustedes”.

Desde ese momento, me dije a mí misma que si alguna vez la vida me diera la oportunidad de ser madre, buscaría que mis hijos sean felices, ¡sin imponerles lo que yo quiero para ellos! Ésta es una lección de las que no me olvidaré.

Esto se confirma en el método de María Montessori, para quien la esencia de la educación consiste en “ayudar al niño en su desarrollo y proceso de adaptación a las circunstancias que se le presenten”.

Por tanto aceptar al hijo tal y como ha nacido (atlético, callado, artístico, delgado o, más bien, gordito), es lo que le dará al pequeño los fundamentos para crecer como un buen adulto y lograr lo que se proponga en su vida adulta. Obligar a los niños a ser algo distinto a lo que son naturalmente es una receta al desastre, que solo deja heridas y frustraciones.

En vez de exasperarse con las diferencias que puedan mostrar los pequeños, la idea es apoyarlos en descubrir quiénes son, y valorar las contribuciones que hacen como seres humanos.

He escuchado reiteradas veces estas preguntas hechas por los padres: “¿Cuándo se considera que un niño es libre?, ¿cuando le permitimos hacer todo lo que desea?; o cuando no le proporcionamos ninguna regla, ¿respetamos de este modo su forma de ser?; definitivamente, ¡no!

Un niño es libre, cuando es autónomo, y la autonomía se basa en la responsabilidad, la misma que consiste en ir superando obstáculos con un cuidado atento que los prepara para amortiguar los fracasos y una disciplina consistente.

Sin embargo, a veces los padres, en el afán de “ayudar a nuestros hijos a ser felices”, queremos librarlos de todo tipo de sufrimientos y esfuerzos, criándolos dependientes de nosotros, sin herramientas ni habilidades para enfrentarse al mundo.

Es como el ave que en lugar de poner toda la confianza en sus alas, las pone en la rama, y, si está se rompe, el ave tendrá miedo de abrir sus alas y volar; o, lo que es peor, no sabrá cómo hacerlo y se dejará caer; así que nuestros asiduos esfuerzos deben apuntar a preparar, guiar y ayudarles a descubrir a nuestros hijos la grandeza de sus alas, y su gran capacidad de volar: a confiar en sí mismos.

Y finalizo esta reflexión, con la siguiente idea, formulada por Sigmund Freud: “La mayoría de la gente realmente no quiere libertad, porque la libertad implica responsabilidad, y la mayoría de la gente tiene miedo a la responsabilidad”.

Escribe: FIORELLA VASQUEZ TUFINIO, EDUCADORA.

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DE TI DEPENDE TU LIBERTAD

“Porque ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás”

“Porque ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás”

La libertad está sujeta a un orden social. Las personas no pueden hacer lo que les plazca, ya que ello podría generar una amenaza hacia otros individuos, lo que generaría un caos social y nadie podría vivir dentro de una comunidad, tal como decía Nelson Mandela: “Porque ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás”. Ser libres implica también ser responsables, ya que cada decisión que se toma genera una consecuencia.

Cuando se es niño, esperamos con ansias cumplir la mayoría de edad para “ser libres”, y poder tomar nuestras propias decisiones, trabajar en lo que deseamos, o poder salir y llegar a casa a la hora que nos parezca mejor. Sin embargo, esa no es libertad verdadera, es simplemente una sensación de superficial libertad.

Porque aún con todas esas “acciones libres”, en nuestro interior nos seguimos preguntando: “¿Soy realmente libre?”. Y, mientras crecemos, si aún no descubrimos la libertad verdadera, queda en nuestro interior un resentimiento que se muestra en nuestra madurez.

Cuando somos niños pensamos que podemos hacer todo, que nada nos detiene. Pero, cuando crecemos, ese ímpetu de valentía disminuye, y en algunos casos hasta desaparece ¿Qué pasa cuando crecemos? Nos preguntamos a dónde se fue toda esa energía que nos caracterizaba de niños. Para algunas personas recordar su niñez es un sentimiento de nostalgia; para otros, no es tan grato; más cuando anhelan lo que quisieron ser de adultos, y, al verse en otro escenario, se deprimen y se sienten mal consigo mismos.

Para otros, ser libres radica en poseer dinero para poder comprar todo lo que se piense. Pero la libertad está más allá de esas cosas materiales. La libertad empieza realmente cuando uno se desprende de lo material, cuando no importa tener dos mudas de ropa a tener veinte. Así podemos ser más felices: ahí, cuando el espíritu se ha colmado de alegría y amor, ahí, se es más libre.

Existe además mucha gente que no se siente feliz con la vida que lleva. Debido a que el mundo moderno, repleto de publicidad, genera una seducción y apego cada vez más fuerte hacia lo material, las personas se alejan de su propia libertad. Y esto ocurre porque tal vez no tuvieron un ejemplo espiritual y de valores, a seguir, en su niñez.

Así como el carácter de una persona se va formando a lo largo de su vida, y tiene su base en la infancia, un niño educado con valores estables, bien formados en el amor y el respeto, será un adulto de bien, y, por tanto, será libre. Y, al convertirse en padre o madre, ejercerá también una influencia positiva en sus hijos.

En fin, podemos ser libres en la medida que queramos serlo, ya que solo dependerá de nuestra fuerza de voluntad para que el respeto a nuestro prójimo y a toda la creación, sean algunos de los principales pilares de conducta en nuestra vida, pues así podemos descubrir nuestra felicidad, y, en ese sentido, nuestra libertad.

CYNTHIA E. GALDO

Comunicadora

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UN PASO MÁS

Cuando tenemos un proyecto, a todos nos gusta dar un paso más en la consecución de nuestros sueños, metas e ideales. En el Movimiento SERVID (Servidores de esperanza, renovación y vida), tenemos un sueño: construir un mundo mejor, donde reine el amor, la paz, la alegría y la fraternidad. Para eso, a través de nuestras obras y acciones, tratamos de cultivar estos valores en el corazón de la gente.

Con este objetivo organizamos talleres, retiros y conferencias de desarrollo humano; también publicamos libros, folletos, material audiovisual, etc. Una de nuestras obras bandera es la distribución mensual de 40,000 boletines motivacionales. Además financiamos el funcionamiento de la emisora on line, Goel Radio, la voz del Redentor, donde se transmiten programas de desarrollo humano y espiritual (www.goelradio.com).

Como un paso más en esta tarea ingente, estaremos publicando, para el próximo mes de julio de 2016, la revista  “LEVÁNTATE!” en su versión impresa, cuyo lema es “¡Naciste para triunfar!”. El título está inspirado en las Sagradas Escrituras, donde en varias oportunidades Dios dirige esta palabra motivadora a los hombres.

Confiamos en que los contenidos vertidos en esta publicación te ayudarán en tu crecimiento personal y espiritual.

Finalmente, agradezco a todas las personas que han hecho posible LEVÁNTATE!, una vez más, lo que demuestra que el trabajo en armonía y en fraternidad siempre es posible, a pesar de las limitaciones materiales que hayan. ¡Gracias a todos ustedes!

Espero que disfrutes de tu revista. Que Dios te bendiga.

 

WALTER MALCA RODAS, C. Ss. R.

www.padrewaltermalca.com

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EL VALOR DE LA CULTURA CON RELACIÓN A LOS MASS MEDIA – Ensayo

Me declaro fanático y seguidor de Soda Stereo, uno de los grupos más famosos e influyentes del rock en español, a nivel internacional. Leo sobre ellos; compré todos sus conciertos y producciones originales (aunque, al inicio, tuve que agenciarme de los tracks de su música, que descargué del Internet, de forma pirata), y sé la mayor parte de la historia de los 14 discos que produjeron como banda. De vez en cuando, los fines de semana me reúno con dos de mis amigos, fanáticos también, y con mi novia, solo y exclusivamente para ver sus conciertos en pantalla gigante, por supuesto, con los discos que tengo.

La música de Soda Stereo se adelantó a su época. La crítica internacional es variadísima. Ahora que el líder y vocalista de la banda, Gustavo Cerati, se encuentra en estado vegetal en un hospital de Buenos Aires, en Argentina, Soda sigue viva, y, al parecer, está más vigente que nunca. En las redes sociales del Internet se habla de Soda. Se le recuerda, y se le rinde homenaje a sus integrantes y a su vocalista postrado en una cama, desde hace cuatro años, producto de un aneurisma cerebral.

Sin embargo, ser un seguidor de uno de los grupos más grandes de la historia del rock en general (Charly Alberty, uno de los Soda, es uno de los mejores bateristas a nivel mundial; y Zeta Bossio es  bajista, y han sido innumerables las bandas que lo han convocado a tocar), significa sumergirse en un espacio cultural especial, con un ecosistema cultural propio, y con códigos culturales propios.

Ser un “sodero” significa haber leído la historia del grupo, la historia de sus canciones; haber leído sobre el por qué del nombre y por qué decidieron separarse, en un momento determinado. Significa analizar cada pieza musical viendo un concierto de ellos, en función a los acordes de la guitarra, o a ese efecto musical que tiene la canción, del que no cualquiera se ha dado cuenta. Porque el resto de seres humanos sólo han escuchado “Persiana Americana”.

En fin, habemos muchos seguidores, tanto de Soda como de Gustavo, que institucionalizamos nuestros conocimientos sobre la banda, a través del término “Cultura Soda”, o “Cultura Cerati”.

El término “cultura” significa “cultivo” o “crianza”. Cultivar, en este caso, alude a seleccionar el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”, según la Real Academia Española: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”. Tengo que advertir aquí al lector, que desde ahora empezamos a hablar desde el punto de vista de un consumidor de contenidos culturales.

Así como en la música de Soda Stereo, en la música en general, en la literatura, el teatro, el cine, el arte, la pintura, la escultura, y demás manifestaciones culturales, tanto los productores como los consumidores de estas manifestaciones culturales, dentro del marco de la industria cultural, nos hemos auto encasillado, y, “especializado”, en determinados conocimientos, denominándose así, por ejemplo, “la cultura Soda”, “la cultura literaria”, “la cultura teatral”, “la cultura artística”, “la cultura del rock”, etc., etc., al conjunto y cultivo de conocimientos y grados de desarrollo al respecto, de cada una de estas realidades.

Es decir, ya no existe una cultura general como tal, sino que hay determinados conocimientos culturales, que han segmentado la realidad; conocimientos atomizados y distinguidos por tipos de saberes, determinados por los valores que cada disciplina cultural tiene como propios. El ilustrado contemporáneo en arte moderno ha investigado y leído más libros sobre el dadaísmo, el surrealismo o sobre la psicodelia o el pop art, que su merced, o que el autor de este ensayo. En ese sentido, se convierte en un especialista o maestro en dicha materia. Pero esta misma persona instruida para conversar y criticar una obra de arte moderno en alguna exposición en New York o París, no podría hablar con soltura, o, al menos, con certeza, de la historia del rock en Argentina, y de la influencia de Pink Floyd en los acordes de guitarra de algunas piezas musicales de Soda Stereo.

Es así que la atomización cultural es la que se refleja en los saberes y dictámenes de la nueva industria cultural. Y es esta industria de la cultura la que, junto a los medios de comunicación (los  mass media), ha hecho que se transmitan y se segmenten las ideas y opiniones sobre determinadas realidades del mundo en el que vivimos.

La televisión, la radio y la prensa, en su condición de medios tradicionales, han ido creando la necesidad de forjar las nuevas especializaciones necesarias para entender el mundo contemporáneo, tugurizado de información, información que es cada vez más difícil de conocer a profundidad, por el fenómeno de desactualización y los límites que ésta impone a la vigencia de aquellos conocimientos.

Aquí, para concretar la idea anterior, recordemos que antaño, en la época de Platón, Aristóteles y Sócrates, los maestros y sabios como ellos eran los que dominaban los conocimientos globales sobre las artes, letras y ciencias. Y las personas ilustradas no sólo lo eran en el ámbito de una materia en especial, sino en la mayor parte de los saberes del universo: matemática, lenguaje, botánica, literatura, astronomía, etc. Así era la cultura. El significado de la cultura se magnificaba mientras más era la información que poseía una persona. Hoy, la especialidad por una determinada realidad del mundo basta para valorar y darle significado a “lo cultural”.

En este sentido, como ya habíamos apuntado líneas arriba, los mass media han jugado un papel importante en la revaloración de lo cultural. Con el apogeo del Internet y las nuevas tecnologías, la cantidad de información que cada ser humano en el planeta tendría que aprender y conocer para ser como antaño, para ser un hombre culto, se vuelve no aprehensible. Debemos sumar a esto la rapidez con que la información se actualiza, lo que devendría en una constante aprehensión de esos mismos conocimientos, pero modificados, o alterados.

Y decimos que los mass media tienen injerencia en el replanteamiento contemporáneo de lo cultural porque ha sido la paupérrima valoración que cada medio tradicional, prensa, radio y televisión, le ha venido dando a la realidad, que, en muchos países del mundo (por no decir, en todos), desde su aparición, los contenidos mediáticos ofrecidos a las grandes audiencias se han banalizado producto, justamente, de la pérdida del significado propio de lo cultural.

En seguida, hagámonos algunas preguntas: ¿Por qué para algunos sigue siendo un deleite releer “Madame Bovary”, una obra del arte literario que data de 1856, cuando se comenzó a publicar por partes? ¿Por qué, para otros, la emblemática obra de Víctor Hugo, “Los Miserables”, sigue vigente y por ello se vuelve a leer y releer desde que se publicó en 1862? ¿Qué diferencia a dichas obras literarias de los llamados “bet sellers” contemporáneos? ¿Por qué, a los cinéfilos, y a la gente que gusta del buen cine, le sigue gustando ver, por tres horas, el largometraje “Ben Hur”, o, en cualquier momento del año, desempolvar el DVD de “Casablanca”?

Curiosamente, la nueva industria cultural afianzada y patrocinada por los mass media, resuelve crear estos bet sellers, y vender libros cuya vigencia no es más que el tiempo que permanecen en las estanterías de las librerías, o promocionar unas películas cuya actualidad se reduce al tiempo que aparece el nombre de éstas en las carteleras de los cines. En este sentido, me pregunté por qué los productos de la nueva industria cultural tienen contenidos que van a perder vigencia después de un tiempo; que son superficiales y volátiles; que dentro de unos meses estarán aplastados por otros productos más “entretenidos”, y pasados al olvido.

La respuesta la podemos encontrar en esta última palabra que puse entre comillas. Actualmente, el entretenimiento ha pasado a ser una característica clave de los contenidos de los mass media en particular, y de la industria cultural en general. Digamos que ya no se trata de aprehender conocimientos; todos los que podamos, y, así, ser “sabios”, o personas doctas a quienes nos pueden hacer consultas sobre cualquier materia o realidad del mundo. No.

Digamos también, que para los que vivieron hace más dos siglos todavía concebían a la cultura como un vademécum de saberes y conocimientos amplios y generales (generales, sin necesidad de ser superficiales); saberes vinculados a los grandes autores y maestros de las artes y letras de antaño, y con cuya información se creaba un nuevo contenido o producto cultural, pero para ser aprovechado a lo largo del tiempo; para perdurar en el tiempo.

Hoy, con el fenómeno de la convergencia de medios, éstos se han vuelto fugaces. El Internet es fugaz y atemporal (en el marco de sus funcionalidades tecnológicas: si no pudiste ver el partido de fútbol, búscalo en YouTube que ha de estar colgado. Porque ahora existen los discos duros, que lo graban todo. Y lo ves). Pero hace dos siglos, cuando no existía un dispositivo donde se almacenaba un libro para que otro lo lea cuando lo requiera, se escribía para perdurar en el tiempo, para que las siguientes generaciones conozcan su pasado a través de las historias y de la Historia Universal.

Los autores escribían, a mano, pensando no sólo en sus contemporáneos, sino en las generaciones que vendrían luego. Quizá también lo hicieron porque, como hombres que eran, querían inmortalizar su obra en vida para que conozcan de ellos por siempre. Pero justamente el afán de inmortalizar los conocimientos hizo que los contenidos culturales sean de calidad, tanto en el plano educativo como en el plano propio de lo cultural.

Sin embargo, el entretenimiento como cultura es la situación que predomina en la actualidad, y que se define a través del contenido cultural mediático. Así, aparece, por ejemplo, en Perú, la cultura “Chicha”, aquella parte de la realidad en la que podemos agrupar a los conocimientos y saberes de los migrantes llegados a Lima, la capital del Perú, allá por los años treinta del siglo pasado, provenientes de las zonas del campo y la sierra peruana, buscando una mejor calidad de vida y un mejor futuro para sus hijos; y que ahora se han asentado y han logrado calar su lugar entre los limeños.

Fueron, pues, esas personas las que desde entonces profesan la llamada cultura “chicha”, representada, en su mayoría, con íconos del ámbito musical, (la cumbia, el huayno), así como con las tradiciones propias de los lugares de proveniencia (fiestas religiosas, gastronomía, etc.). El famoso cantante de música “Chacalón” es uno de estos íconos culturales representativos de la cultura chicha, por ejemplo. Incluso, podríamos deducir más y más culturas a partir de lo “chicha”, como por ejemplo, lo que se denomina la “música chicha”.

Así, en la capital peruana, con este fenómeno de lo chicha, aparecen los medios como entes de distracción a un público que tiene que trabajar, que sufrir para encontrar el sustento diario. Aparecen las radios chicha, que difunden, las 24 horas del día, el contenido cultural correspondiente a este grupo de personas cuyas necesidades socioeconómicas eran distintas a las de cualquier limeño promedio de la época.

En la televisión, aparece, por ejemplo, el recordado “Trampolín a la Fama”, en los años sesenta (1966 para ser más exactos), en cuyos sets se personificaban cada sábado, de forma teatral incluso, la convergencia de inmigrantes de otras partes del Perú, con los pobladores de la costa limeña: Violeta Ferreyros, representando al limeño astuto y refinado; el famoso “Tribilín” y Leonidas Carbajal, como los pícaros provincianos.

Todos estos programas de entretenimiento calaron en el público de aquella época. Porque el público buscaba que luego de cada semana de trabajo arduo, de amanecidas y problemas económicos, haya un buen motivo para reír: hasta que, curiosamente, su presentador, Augusto Ferrando, gritó: “¡Un comercial, y no regreso!”. Y ahora ese programa sólo es un recuerdo.

Así también, en otras latitudes comenzaron a aparecer contenidos mediáticos para el entretenimiento. Un tal Mario Luis Kreutzberger Blumenfeld, mejor recordado como “Don Francisco”, apareció con un programa concurso de televisión llamado “Sábados Gigantes” (sí, en plural; así se llamó al comienzo), allá por el año 1962, en Chile. Y así podríamos citar a muchos otros casos donde va a predominar el sentido del entretenimiento como contenido producido por los mass media.

Esto es a lo que Mario Vargas Llosa ha denominado “La Civilización del Espectáculo”. La cultura ya no es percibida, por parte de los mass media, como un conjunto pleno de conocimientos educativos o de desarrollo social, sino como partes independientes de lo que un día fue un todo común, donde predominó la investigación y la educación como elementos para la construcción de una mejor sociedad.

Tal vez estoy satanizando a los medios de comunicación. Sin embargo, como advertí al inicio, estoy analizando este escenario desde la perspectiva del consumidor de medios. En ese sentido, coincido con las ideas que, al respecto, desarrolla el nobel, escritor también de “La Ciudad y los Perros”, quien, al parecer, desvirtúa en su mayoría, a los medios y argumenta que cada día se retrocede más, volviendo los temas de la moral, la intimidad y las buenas costumbres unas ideas anticuadas y no vigentes, ideas que ya no caben en estos nuevos tiempos, especialmente con el “boom de la libertad sexual”.

Así, tenemos que la formación de la persona humana se define principalmente en el medio familiar. Es en la familia donde se da el detonante de la educación en valores y en virtudes, en buenos hábitos, en principios morales y hasta en ideas religiosas, políticas y económicas. El ingreso de la industria cultural y los mass media en la vida familiar aportó un nuevo marco cultural a los padres, hijos y demás integrantes.

Ahora los medios enmarcan estilos de vida distintos a la sociedad; crean necesidades inimaginables en otros tiempos, con lo que conducen a la “cultura de consumo”, la que dictamina que tienes que comprar el nuevo artefacto tecnológico para tu casa, pues, sino, mamá tendrá vergüenza de poner la plancha en el calentador de la cocina, porque a la vecina el esposo le compró una plancha a vapor.

Son los medios los creadores de una infra valoración a lo que antaño se denominaba cultura y de la importancia de la familia en la crianza de los hijos, por ejemplo. Incluso se llega a afirmar que la autoridad del padre en el hogar ha sido sustituida por el “papá-televisión”, y la autoridad de la madre, por la “mamá-Internet” (esto último lo pude experimentar hace poco, un sábado, en casa de un amigo, cuando su esposa, una mujer joven, le pedía desesperada que “por favor” (a su hijo de 6 años), deje de ver “esos dibujos” del YouTube en Internet, porque se hacía tarde para ir a comprar para el almuerzo de la semana. Inadmisible para mí.).

Para terminar, no voy a negar que Soda Stereo es parte también de esta industria cultural. Si no hubiera sido por un grande de esta industria, la Sony Music, a Soda no lo hubiera conocido nadie. Sin embargo, me gusta la banda por sus canciones, y porque pienso que no las hizo pensando en el momento de fama que iban a pasar, o en las cámaras. Soda Stereo se adelantó a su época. Basta recorrer su discografía para sumergirse no solo en excelente rock, sino en otros géneros como el pop y la fusión de géneros experimentales nuevos (para la época), como el  rock progresivo, el neo psicodelia, el britpop, el shoegazing, y el rock alternativo.

En líneas generales, no es gratuito que a Soda se le considere una de las bandas más influyentes e importante de todos los tiempos, porque es la excepción de la regla: existe una cultura Soda, que influye en la música de Latinoamérica y del mundo de habla hispana. Así como siguen vigentes los Rollings Stones, tan vigentes como “De música ligera”, el single más conocido de los Soda, en todo el planeta.

Autor: ERICSON J. CARDOZA

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Jornada de reflexión en la ciudad de Piura, Perú.

Jornada de reflexión en la ciudad de Piura, Perú.

Los invitamos a todos para este viernes 28 de febrero, a disfrutar de este espacio de reflexión con dos de los mejores especialistas de toda la región Piura. Los esperamos!

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PLANEAR EL ÉXITO EN LA ESCUELA

Es común escuchar a muchas personas desear “éxito” a aquellos que más quieren: a un familiar o a un amigo, a todas las personas con quienes socializa. Por ende, los mismos deseos tienen los profesores para con sus hijos, sus alumnos, con quienes comparte momentos cortísimos, a comparación de todo lo que se tiene que vivir, y, a la vez, tan intensos que marcan significativamente nuestra existencia.

Decía, que siempre deseamos “éxito”, pero no enseñamos cómo hacerlo; o no nos comprometemos con su debida orientación; ahí radica la gran tarea de los docentes.

El éxito es el logro de las constantes metas y objetivos propuestos. Es un sentimiento que te envuelve luego de cada tarea realizada; tareas que vienen a ti no por casualidad, sino por compromisos personales y sociales. Es un sentimiento y un comportamiento que te llevarán a la felicidad.

Para tener éxito es necesario interiorizar y poner en práctica una serie de valores tales como: la perseverancia y creatividad; la responsabilidad y respeto.

Perseverancia y creatividad para entender que nosotros somos seres creados con inteligencia, con voluntad y con fuerza espiritual, que el espíritu no se detiene, que se fortalece con cada experiencia. Y que para lograr o conseguir lo que queremos debemos avanzar constantemente, buscando nuevos caminos, nuevos métodos en la consecución de lo propuesto.

Que tenemos un compromiso con nosotros mismos y con nuestro prójimo; que tenemos la hermosa obligación de ser cada vez mejor, cumplir realmente lo propuesto, sin mediocridad ni a medias. Y que el éxito nuestro debe también ser el éxito de los demás, es decir, nadie puede deleitarse con el éxito si no respeta a los demás.

Entender esto es crucial; y, más aún, enseñarlo; por ello es que los docentes deben inculcar el significado del éxito, y de todos los valores que esto implica, a los alumnos de los distintos niveles y modalidades que tiene nuestra educación.

Inculcarles desde la escuela, ¿cómo?, realizando actividades donde se muestre la importancia de vivir en paz, de apoyar a los demás y a sí mismo, de alcanzar la felicidad; desarrollando la proactividad en todos los alumnos. Debemos situar a nuestros estudiantes en diversas situaciones problemáticas, propio del entorno social, para que ellos busquen soluciones, y así se activará su creatividad y sus habilidades sociales.

Promocionar las actividades grupales, debidamente orientadas. Hacer que pongan en práctica todo lo aprendido; hacer que descubran qué tipos de problemas sociales pudiera solucionar con los conocimientos que tienen hasta el momento y qué acciones podría empezar hacer.

Buscar recompensas que agraden significativamente a los alumnos para fortalecer el trabajo. Mostrarle el beneficio del éxito a través de ejemplos e imágenes. Todo esto debe realizarle no como tarea de un día y de un área, sino de todas y todos, claro está, no de una sola forma, sino de distintas.

Todo esto hará que nuestros estudiantes de hoy construyan una sociedad como debe ser para el futuro.

Por: Ericson Cardoza A.

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